SECRETO

Publicado: 4 julio, 2013 en Comuniación

Se me pasó la juventud buscando un trabajo digno mientras me levantaba cada mañana con la cantinela de las nuevas medidas que llegarían para combatir el paro juvenil. Ahora que ya he pasado los treinta y, administrativamente, he dejado de ser joven, se les ha hecho definitivamente tarde para una generación completa.

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Y ya, la verdad, es que me da todo un poco igual. La otra noche, por ejemplo, me acosté sin ver el partido de España, total, para qué. Los que dicen jugar en nuestro nombre no se representan más que a sí mismos y no juegan por otra cosa que no sea una prima de algunos cientos de miles de euros que suponga el “y pico” de sus millonarias cuentas corrientes. Si no que se lo digan a los que fueron a recibirlos al aeropuerto, ¡ja!

¿Y las noticias? Uf, quita, para nada. Me da pereza el continuo enlace de casos de corrupción en el que se han convertidos los telediarios nacionales hasta la llegada del momento de las noticias chorras. Me dan ganas de salir a la calle, pero es que las veo tan vacías… no como en Brasil, claro, allí sí que protestaron en condiciones. Y luego que se quejen si tiro piedras, porque, por si no lo saben, de nuestros bolsillos las cargaron aquellos que pretenden que les ponga una mejilla que ya no me queda.

En esos asiduos momentos de reflexión que tenemos los parados entre cola y cola me da por pensar, ¿pero la culpa no la tiene nadie? Y me acuerdo, muy periodista yo, del secreto profesional, en virtud del cual un periodista no está obligado a revelar la identidad de sus fuentes aunque, en caso de que se cometa un delito y no trate de evitarlo, sería acusado de colaboración. ¿Y qué más colaboración que votar, en unas elecciones, a un partido que incluye entre sus filas a imputados y procesados? ¿Qué más colaboración que votar a aquellos que nos mienten y nos toman por tontos mientras achican agua a todo meter antes de que les llegue al cuello?

Antes que su agua, debería llegarle nuestra soga democrática (que siempre hay alguien dispuesto a malinterpretar), y todo aquel que no lo hiciera debiera saberse cómplice de una situación en la que colabora con su voto. La democracia no puede estar hecha para deslegitimarse a sí misma.

Fuente: Pablo Poó

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